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TESTIMONIO Mª CARMEN

¿ Me convertí dos veces?

Recuerdo que cuando era niña fui a un colegio religioso donde la mayoría de profesores eran monjas, antes de empezar la clase rezábamos el Padre Nuestro. De lunes a viernes iba al colegio y los domingos mi padre y mi madre nos llevaban a mis hermanos y a mí a otra iglesia diferente donde también nos enseñaban a rezar pero de otra forma. En la escuela dominical aprendí a conocer a Jesús como un amigo que estaba conmigo siempre, aunque no lo viera podía sentirlo y le cantábamos canciones.

De esta manera fui creciendo y a pesar de ser muy tímida, en mi niñez ocurrieron cosas que hasta a mí misma me sorprendieron como por ejemplo:
no recuerdo muy bien como lo hice pero mis compañeras se enteraron de que yo iba a otra iglesia y no paraban de molestarme con preguntas y rumores por lo que un día, después del colegio, llevé a un grupo de ellas a la iglesia y el pastor, el Sr Puig, les dio un sermón que no volvieron a molestarme mas. Años más tarde una de ellas me lo recordó y nos reíamos, también me recordó algo que yo ni siquiera recordaba, el día que cambiamos de profesora de religión vino una monja muy estricta, empezó por ponernos un examen de religión sin esperarlo, el día que vino con los resultados estaba muy enfadada porque sólo una persona había aprobado el examen con un excelente , entonces me nombró a mí, “ la Fernández ”, antes nos llamaban por el apellido, crecí así intentando que las monjas no supieran que yo iba a otra iglesia por miedo o por cobardía.

Otro hecho que me sorprendió: tendría unos 12 años más o menos y el Sr Puig nos llevó a otras niñas y a mí a un lugar para mí inmenso, como un teatro, el escenario estaba muy lejos, empezaron a hablarnos de Jesús como nuestro amigo especial, que nos amaba y que murió por nosotros. Hicieron una oración muy especial que repetí en mi interior, entonces el presentador dijo que las personas que realmente sentían esa oración se levantaran, a pesar de mi timidez yo fui la primera que me levanté y después nos hicieron acercarnos al escenario que estaba muy lejos, no sé como llegué, pero allí estaba. Después cuando volvía a casa sentí una paz muy grande. Mientras que las otras niñas reían en el autobús yo iba sentada en un rincón pensando en lo que había ocurrido y lo bien que me encontraba.

Pasó el tiempo, con 16-17 años iba a la iglesia los domingos, ocurrió que la mayoría de jóvenes que antes iban dejaron de ir, yo empecé a relacionarme con gente de mi edad no creyente, comencé a salir y cuando llegaba el domingo perdí interés por ir porque salía el sábado por la noche y me acostaba tarde, no obstante siempre escuchaba como mi padre se preparaba para asistir. Yo algún domingo fui pero al final dejé de ir, mi padre nunca me obligó pero sé ahora que él tuvo que orar mucho por mí y por mis hermanos que dejaron de ir mucho antes que yo.

Pasaron los años y en mi corazón muchas veces seguía sintiendo a Jesús como mi amigo especial pero me acordaba de él sólo cuando tenía exámenes, etc. Me fui alejando y comencé a sentir un vacío en mi interior muy grande no me llenaban los amigos, tampoco las fiestas… Por entonces mi padre enfermó, trabajaba y estudiaba enfermería al mismo tiempo, creo que para intentar no pensar y olvidarme de ese vacío que sentía y de la enfermedad de mi padre.

Por este tiempo conocí a una persona diez años mayor que yo, conectamos desde el primer día y empecé a quererle de tal manera que no me dí cuenta de los problemas que tenía. Sólo quería estar con él, mi madre al principio no lo comprendió pero luego me apoyó. Intenté siempre estar al lado de mi padre y de mi madre aunque mi vida en ese momento supuso un gran cambio para mí y para mi familia, yo tomé la decisión y si me equivocaba era mi vida y mi equivocación, no me importaba la gente. Pensé por un momento que ese vacío que sentía se había borrado u ocultado, sin embargo más tarde me tuve que dar cuenta que eso no fue lo que realmente me llenaba. Comenzaron a aparecer los problemas que por respeto a mi pareja no puedo contar pero el amor que sentíamos los dos, y creo también que gracias Dios, pudimos vencer las dificultades.

En este tiempo ocurrió algo sorprendente, yo tenía que hacer las prácticas de enfermera en un ambulatorio, trabajaba, estudiaba, etc y me tocó en Castelldefels pero me iba muy mal para desplazarme hasta allí, entonces un compañero de la universidad me llamó por teléfono a casa y me propuso cambiar Castelldefels por Molins de Rei, obviamente le dije que sí ya que así estaba más cerca de mi trabajo después de realizar las prácticas del ambulatorio. Lo curioso es que allí mi enfermera era cristiana evangélica, pasábamos todas las tardes juntas. Un día llegué muy mal a las prácticas con los problemas que empezaba a tener y me desahogué con mi enfermera sin poder evitarlo, entonces fue cuando ella me intentó consolar y me dijo que ella creía en Jesús, que era cristiana evangélica, etc , entonces yo le dije que también lo era pero que hacía tiempo que me había alejado de Dios, ella me dijo que orara al Señor que le hablara de mis problemas.

Así fue como empecé otra vez mi relación con Dios, de rodillas en mi habitación le pedí perdón por todo y le pedí ayuda y consuelo. Los problemas seguían estando pero ya no estaba sola, había recuperado esa paz tan inmensa que te llena el corazón que es Jesús y que te hace verlo todo diferente.

Continué yendo al ambulatorio con mi enfermera, y ahora hermana en el Señor, entre paciente y paciente hablábamos del Señor y recuerdo un día en la consulta comenzamos a recordar canciones y cantábamos las dos, la doctora vino a nuestra consulta a decirnos que se nos oía fuera y todas nos reíamos.

Acabaron las prácticas pero mi enfermera y yo mantuvimos la relación un tiempo, siguió ayudándome. Muchas veces me pregunto qué hubiera sido de mi vida si ese compañero no me hubiera llamado para cambiarme las prácticas… yo creo que no fue por casualidad, que fue el Señor que estaba preparando mi camino, había llegado mi momento, el momento de volver y seguir con el Señor. No recuerdo bien el primer domingo que fui a la iglesia de Sant Vicenç, quizás porque cuando abrí la puerta para mí fue como si no hubiera pasado los años, me senté en un banco, vi algunas caras conocidas, y cuando acabó el culto me fui feliz. Pasaron otros acontecimientos en mi vida, tuve una hija, me casé, y por fin me bauticé en la misma iglesia que se bautizó mi padre, con mis hermanos, mi marido y mi madre presentes, dí testimonio de mi Fe.

Por eso digo que me convertí dos veces pero yo creo que en realidad recibí al Señor aquella tarde cuando repetí de corazón la Oración especial que me hizo sentir esa paz tan grande, ahora sé que el Señor nunca se alejó de mí, fui yo la que me aparté de Él, Él estaba esperándome y a veces me llamaba hasta que le oí.

Ahora le pido al Señor que no me deje apartarme y que me agarre bien fuerte, pase lo que pase estaremos juntos.

Gracias al Señor y a los que puso en mi camino para volver.

QUE DIOS OS BENDIGA.

 




   
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